Claude Moniquet: «Los nuevos yihadistas han nacido en países occidentales, han estudiado en sus escuelas, conocen nuestro sistema educativo»

Claude Moniquet, especialista en terrorismo y autor del libro Néo-djihadistes
Claude Moniquet, especialista en terrorismo y autor del libro Néo-djihadistes
Claude Moniquet, especialista en terrorismo y autor del libro Néo-djihadistes

IRENE QUINTELA- A finales de diciembre, los diarios belgas daban difusión a un caso que viene preocupando a la sociedad del país desde hace varios meses: la marcha de jóvenes belgas a combatir a Siria. Por un lado se hablaba Brian de Mulder, un antuerpiense de 20 años que se marchó a luchar junto a milicias de Al Qaida y que ha subido un vídeo a Youtube en el que amenaza con atacar Bélgica. Entre sus amenazas se encuentra la de establecer la sharia en su país. Por otra parte, era noticia el arresto de seis personas implicadas en el reclutamiento de jóvenes combatientes en el país árabe. La Policía Judicial Federal abrió una investigación a Jean Luis Denis, miembro de Sharia4Belgium, el pasado mes de abril tras la desaparición de dos menores que asistían al mismo colegio. Este hombre es sospechoso de haber animado a jóvenes a partir a Siria, incluido menores.

Brian de Mulder o Jean-Louis Denis son nombres que a simple oído no parecerían vinculados al Islam radical ni mucho menos al establecimiento de la ley islámica en su propio país. Claude Moniquet, director del ESISC (Centro europeo de inteligencia estratégica y seguridad), especialista en terrorismo y autor del libro Néo-djihadistes nos explica en esta entrevista las claves de esta nueva forma de combate.

Hace unas semanas, un joven de Amberes que combate en Siria publicó un vídeo en Youtube donde amenaza con atacar Bélgica. No es la primera amenaza de este tipo, ¿hay razones para preocuparse?

En lo que respecta al vídeo del joven de Amberes es difícil responder a la cuestión, porque ha habido  centenas de amenazas de atentado que llegan de Siria o de movimientos islamistas radicales, y muchas no han estado seguidas de hechos. Ahora bien, si la pregunta es si debemos preocuparnos  de que tengamos entre mil y dos mil jóvenes europeos que se han marchado a combatir a Siria, que apoyan a los islamistas y que podrían volver a Europa a atentar, entonces la respuesta es clara, sí.

El joven que publicó el vídeo se llama Brien de Mulder y nació en Amberes. Usted habla en su libro Néo-djihadistes de un nuevo tipo de yihadistas, ¿quiénes son?

Los he llamado «nuevos yihadistas» por oposición a los antiguos. Los yihadistas que nosotros hemos conocido desde los años 80 y 90 hasta principios de los 2000 eran personas que, bien habían emigrado recientemente, bien venían para atentar y luego se iban. El caso de estos nuevos yihadistas es completamente diferente. Son personas nacidas en países europeos o en Estados Unidos, en países occidentales en todo caso, o que han llegado muy jóvenes y han pasado aquí veinte o treinta años, que han estudiado en sus escuelas, que conocen pues nuestro sistema educativo, y que en un momento dado se radicalizan y adoptan la ideología islamista. Un buen número de ellos, entre el 40 y el 45 por ciento, se han convertido al Islam. He aquí el nuevo perfil de estos terroristas, que tienen motivaciones mucho más personales y que tienen cuentas que solucionar con nuestra sociedad.

¿Cómo puede un joven nacido en Bélgica, de padres belgas, educado según los valores de la cultura europea, digamos occidental, acabar por entrar en asociaciones como Sharia4Belgium, por ejemplo?

En su pregunta hay ya una palabra que es muy importante: joven. La mayor parte de los yihadistas de hoy son jóvenes, y muchos de los que se han convertido, muy jóvenes. He encontrado algunos que se convirtieron con 16 o 17 años. En general, la conversión tiene lugar entre los 16 y los 20 o 21 años, y con frecuencia, esta conversión está provocada por problemas personales. Para empezar, la adolescencia es una época en la que uno se hace preguntas; los adolescentes son personas frágiles y , frecuentemente, muy influenciables, así que tenemos adolescentes que se van a convertir en gamberros; otros que serán drogadictos; habrá quien hace 20 o 30 años habría entrado en una secta, pero  hoy, en esta edad difícil, cuando se forma la personalidad, cuando tienen problemas con sus familias, con la sociedad, problemas escolares y, por supuesto, problemas con la justicia, muchos de ellos van a interesarse por el Islam. Y desgraciadamente, como la conversión al Islam no está regulada, no hay autoridad dentro de la propia religión islámica que pueda decidir cómo se hacen las cosas, las conversiones se están haciendo en medios muy radicales. Así que tenemos a jóvenes que no tienen referencias, que no conocen su nueva cultura, que buscan algo, que se van a convertir en musulmanes y que han caído en comunidades o en mezquitas radicales donde se les va a decir: «El Islam es la Yihad, es la lucha contra Occidente, la lucha contra los judíos» y eso va a funcionar, sobre todo con jóvenes que tienen problemas con la sociedad y con su familia.

¿Cómo puede Bélgica hacer frente al nuevo yihadismo?

No creo que ningún país pueda hacerle frente hoy en día porque hay una serie de cosas que suceden en el mundo, como una crisis económica y social terrible, y hay verdaderos problemas que no podemos ocultar, como el racismo y la exclusión, que continúan existiendo, problemas internacionales. Hay toda una serie de sucesos que hacen que vivamos una época peligrosa, una época de radicalismo y de violencia, y que tengamos un porcentaje de la juventud que vaya a encontrarse en el mal camino, en malas elecciones. Si tomamos el ejemplo de Bélgica, tenemos entre 100 y 120 jóvenes que se han ido a combatir a Siria por una población de 1 millón de musulmanes. En Francia, por una población de 6 millones tenemos las mismas cifras, lo que quiere decir que hay seis veces más de radicalismo entre la comunidad musulmana belga que entre la comunidad musulmana francesa. Y mientras exista este radicalismo, habrá conversiones en los medios radicales, habrá jóvenes de origen musulmán que se marcharán a hacer la Yihad. Lo que tendríamos que hacer al mismo tiempo es solucionar toda una serie de problemas internacionales y conseguir que el Islam se regule, que declare la guerra a sus propios radicales. Tendrían que pasar todavía 30 años si tomásemos la buena decisión, pero no creo que lo hagamos, así que es un problema con el que hay que aprender a vivir; sea el problema del terrorismo islamista o el problema de la radicalización de la sociedad, donde tendremos que hacer frente al radicalismo político en el próximo cuarto de siglo.

Usted acaba de hablar de los jóvenes que se han ido a combatir a Siria, muchos de ellos, menores. ¿Cómo se ha permitido la salida de estos chicos? ¿No ha habido sospechas o medios para impedir la salida de menores en estas circunstancias?

Hay dos problemas. Primero, si usted se fija, en todas las familias donde hay menores que se han ido, la familia dice: «Yo no he visto nada. No he visto que mi  hijo se había convertido en un radical islamista». Eso, en fin, me cuesta creerlo; yo creo que en una familia normal, cuando uno tiene un hijo que comienza a drogarse o un hijo que se convierte en un militante político, o un hijo que cambia de religión, o un hijo que se convierte en radical en los medios islamistas, o en la extrema izquierda o en la izquierda derecha, que tiene un comportamiento marginal, si uno se preocupa por su hijo y habla con él, se ve. Eso es lo primero, así que creo que hay realmente una responsabilidad de las familias. En cuanto a la segunda cuestión, cómo puede un menor viajar libremente a Siria, hay que tener en cuenta que vivimos en una sociedad libre, en la que hay una total libertad de circulación. Está claro que se han cometido muchos errores porque muchos jóvenes salieron del aeropuerto de Bruselas y un menor de 17 años no puede viajar solo sin la autorización de sus padres; pero ahora bien, no conocemos todas las condiciones. Quizá ha habido papeles falsos o autorizaciones erróneas, pero pienso que la mayoría de ellos han pasado por terceros países, Francia o los Países Bajos, o Alemania, y salieron de allí hacia Turquía o hacia un país extranjero. Viendo un joven que viajaba ya, la policía ha tenido probablemente menos sospechas. Eso supone un problema, porque es sobre todo un problema inherente a la libertad. Efectivamente, hablamos de unos 120 jóvenes que se han ido a Siria, pero de ellos, sólo unos diez o quince son menores. Quince personas no es nada entre los cientos de menores que viajan cada año de manera normal y sin causar problemas a nadie, así que pienso que es pura estadística y es un precio a pagar, pero insisto en que hay una responsabilidad familiar en estos asuntos.

El gobierno belga considera suficiente la legislación antiterrorismo, ¿qué piensa usted? ¿Habría que  retirar el carné de identidad a los jóvenes que se quieran ir a Siria, como propone el alcalde de Vilvorde, Hans Bonte, por ejemplo?

No hay ninguna base legal que permita hacerlo.  Hoy en día, para ser condenado en Bélgica hay que cometer un crimen o delito. Un joven que es radical no ha cometido crimen. Un joven que dice: «Quiero ir a combatir a Siria», en el momento en que lo dice todavía no ha cometido crimen, e incluso si se va a Siria, tampoco hay crimen ni delito. Habrá que probar el crimen que habría cometido en el país para perseguirlo, así que pienso que las ideas que surgieron así de repente hace unos meses, como la del alcalde de Vilvorde, no tienen base legal. Son medidas dictadas, bien por populismo, bien por miedo. Pienso que las leyes que existen son suficientes, pero hay que aplicarlas, y creo que en Bélgica lo hacemos. Ahora bien, podríamos decir que no son lo suficientemente duras, que en lugar de condenar a veinte años de prisión a un terrorista podríamos condenarlo a treinta, pero todo eso son detalles. Fundamentalmente, las leyes son fuertes, están entre las mejores de Europa, y están bien aplicadas. Faltan medios en la policía y en los servicios de información, pero no estaremos nunca en una situación ideal, así que honestamente pienso que, en este sentido, Bélgica no es el peor país de Europa.

Gracias, ¿quiere añadir algo más?

Hay que ser consciente de la situación que tenemos en Siria; entre 1500 y 2000 jóvenes europeos están allí para combatir con organizaciones relacionadas con Al Qaida y otras. Algunos han sido asesinados; otros volverán y serán peligrosos. Habrán aprendido a luchar y algunos volverán perturbados psicológicamente o todavía más radicales que cuando se fueron, y vamos a afrontar eso en los próximos tres años; problemas más relevantes que los que hemos conocido con el Islam radical en la última década. Creo que hay que ser conscientes; las autoridades son conscientes, pero una vez más, en una democracia, los medios para reaccionar son limitados.

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