« Los populistas han sido hábiles, han sintonizado con la desesperación de muchas personas, que encuentra en el mensaje populista una posible salida »

En el programa de la semana pasada tratamos el auge del populismo en la política actual. En Europa, y ahora en España, los partidos de corte populista están tomando relevancia, especialmente los ultraderechistas. Nos pusimos en contacto con el Profesor Cesáreo Rodríguez Aguilera, Catedrático de Ciencias Políticas en la Universidad de Barcelona y muy especializado en los movimientos políticos en Europa. En sus respuestas ha hecho una buena diferenciación entre euroescepticismo y populismo, términos que pueden difuminarse en algunos rasgos, sobre todo por las ideas de salida de la UE que regentan los partidos de extrema derecha y además nos ha hablado de las causas del auge del populismo y de la democracia sacrificada en pos de la integración.

  Realizado por Teresa Galán

 ¿Qué es el populismo? ¿Cuáles son sus causas?                                           Populismo es una de las palabras más controvertidas en Ciencia Política, porque admite multitud de significados. A pesar de todo hay un consenso entre especialistas para acotar el fenómeno. El populismo es más un estilo de hacer política que una ideología cerrada, y hay populismos de muchos tipos, históricamente fueron muy relevantes los populismos latinoamericanos: Perón en Argentina, Getulio Vargas en Brasil, Cárdenas en México…En América Latina el populismo tuvo y sigue teniendo un significado progresista. En cambio en Europa, tiene una significación fundamentalmente reaccionaria; es verdad que también hay movimientos populistas de inspiración izquierdistas, pero en su inmensa mayoría está protagonizado por partidos de derecha radical.

¿A qué se debe su auge actual?                                                                                           Para resumir, yo diría que el populismo, centrándonos en el caso europeo, crece fundamentalmente por tres causas: en primer lugar exalta a los nuestros, a la gente corriente frente al sistema, los poderosos, los burócratas de Bruselas; por tanto hay una exaltación ultranacionalista. En segundo lugar, el rechazo de los foráneos, de ese peligro que viene de fuera, de la invasión, que nos traen delincuencia, enfermedades, etc., hay un rechazo xenófobo de los extranjeros, fundamentalmente de los extracomunitarios; y en tercer lugar hay una denuncia a la clase política tradicional, donde todos los partidos tradicionales son unos corruptos, manipuladores, engañan, roban y solo van a lo suyo. Por tanto, el populismo descansa en esta contraposición de “el pueblo es bueno y las élites, unas mafias corruptas que nos roban y nos oprimen” y tiene enemigos muy fáciles de identificar: Bruselas, las élites, los poderosos, etc. Preconiza recetas muy sencillas, donde se ve una solución en la salida del euro, incluso de la Unión Europea, expulsión de los inmigrantes, y de la clase política convencional.

¿Cree que los partidos populistas ofrecen una solución real a los problemas del pueblo español?                                                                                                                     En absoluto. Los populistas dicen lo que mucha gente quiere escuchar, pero después no ofrecen nada, venden humo. El populismo puede tener un discurso que, de entrada, resulte interesante y llamativo, pero si lees la letra pequeña ves que detrás no hay nada, es decir, son consignas fáciles, retóricas, demagógicas, pero sin concreción posible. Es verdad que con los métodos tradicionales se avanza más despacio, pero se puede avanzar; mientras tanto, las recetas populistas son muy llamativas, sugerentes pero inconsistentes, por la falta de precisión y de realismo. Ahora se está discutiendo en España sobre si Podemos, la formación que lidera Pablo Iglesias, podría encarnar un populismo a la española. Yo creo que en Podemos sí que hay algunos elementos populistas, como el discurso por ejemplo, pero parece que está intentando hacer unos esfuerzos por presentar un programa más realista, o al menos dicen que están en ello. Pero es cierto que algunas viejas referencias, como puede ser la actitud reverencial y acrítica hacia el Chavismo, es algo que a mi juicio deberían abandonar cuanto antes, pues nos muestra que sí está el tic populista en esta formación. Habrá que esperar a que acaben sus asambleas  y ver si su programa es aplicable o si es pura retórica.

Se habla de una banalización del concepto  de “populismo” ¿Cuáles son las diferencias entre los partidos populistas y los que no lo son pero se incluyen dentro del mismo saco?                                                                                                       Es cierto que el término populista se ha banalizado, los medios de comunicación en general utilizan un concepto no académico, no científico de populismo, y en este sentido el rótulo sirve para todo. Hay que decir que entre los partidos del sistema, los del bloque central que dominan la escena europea (Partido Popular Europeo, Socialista Europeo y la Alianza de los Demócratas y Liberales Europeos), todo lo que no concuerde con sus intereses es populismo. Yo creo que algunas críticas a la Unión Europea son perfectamente legítimas, es más, son necesarias. Pero hay críticas constructivas, que defienden otra Europa y críticas destructivas, protagonizadas fundamentalmente por la derecha radical, que defiende una salida de la UE o renegociar las políticas de ésta para nacionalizarse y así rebajar el poder de Bruselas. No se deben amalgamar todas las críticas a Europa bajo el cómodo rótulo de euroescepticismo.

¿En qué se diferencian el populismo de derechas del de izquierdas?                      Los partidos de la llamada izquierda radical, por ejemplo, a excepción del Comunismo Ortodoxo que puede considerarse incluso “eurófoba”, quieren otra Europa, y están a favor de la integración europea, aunque critican el modo que se está siguiendo. Por tanto, creo que conviene matizar los términos populismo y euroescepticismo. Dentro de las derechas radicales, los partidos más virulentamente antieuropeistas, suelen ser los de origen neofascistas, Aurora Dorada (Grecia), Jobbik (Hungría) y en cierto modo también el Frente Nacional francés. Pero en cambio hay otros que más pragmáticamente  pueden adaptarse a una Unión Europea meramente económica, como es el caso de la Liga Norte Italiana o el Partido de la Gran Rumanía, que son partidos que saben que sus países no pueden salir de la UE pero sí defienden una renacionalización de políticas.

Entonces las diferencias también están en partidos de una misma ideología…       Sí, porque unos preconizan la salida, otros la destrucción y otros mantenerse dentro pero con algunas reformas. En el campo de las izquierdas radicales básicamente hay dos actitudes: abandonar el euro, más que la UE, aunque hay algún caso como el Partido Comunista Griego que sí defiende la salida de Grecia de la Unión, pero esto es una actitud muy minoritaria; en cambio, la mayoría de partidos de esta familia como Die Linke en Alemania o Izquierda Unida en España, defienden el principio de la integración europea pero con más sensibilización social y más democracia. Por lo que sí hay diferencias entre los llamados partidos populistas, que a veces es un rótulo fácil, que simplifica y no aclara mucho. E igual pasa con el término euroescepticismo. Por tanto, estos dos fenómenos existen, pero deben delimitarse con mucha más precisión.

Es un hecho que ideas que antes eran defendidas por los movimientos antiglobalización más radicales, ahora son compartidas por un grueso de los votantes, ¿se debe esto a una concienciación del pueblo sobre los problemas que se pueden suceder, por ejemplo, de la llamada Troika, a un mayor conocimiento de causa?                                                                                                                                  Yo creo que se debe sobre todo a la crisis económica y al modo que han tenido las autoridades comunitarias de afrontarla. Desde 2008 se están aplicando a ultranza recetas de austeridad ortodoxa que han provocado una tremenda división entre el norte y el sur de Europa, cada vez hay más perdedores y menos ganadores, y esto es lo que ha originado un fortísimo descontento social hacia la llamada Troika, que no existe en los tratados comunitarios y que está formada por  la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y una institución extraeuropea, como es el FMI y que se está entrometiendo en políticas nacionales (pensiones, reforma del mercado laboral, salarios, etc.), algo asombroso. Por tanto, estamos sacrificando la democracia, y se están imponiendo medidas económicas durísimas al sur y al este de Europa que lógicamente han generado protestas. Cuando una parte de la población está descontenta, busca una respuesta política, y los populistas se la dan. Entonces, han sido hábiles en ese sentido, aunque en mi opinión su respuesta sea errónea, cubren un hueco, han sintonizado con la desesperación de muchas personas, que encuentran en el mensaje populista una posible salida. Por tanto, lo que me preocupa es que el grueso de la protesta esté canalizado, no por fuerzas progresistas que quieren otra Europa, sino por fuerzas que son claramente antieuropeistas, y que además tienen una mentalidad ultranacionalista y  muy reaccionaria. Para mí, el verdadero problema está ahí.

¿Están incidiendo los populismos en los partidos políticos tradicionales?                Lo que no se debe hacer es, primero, mantener las políticas de  la Troika de forma inflexible, y en segundo lugar, comprar una parte del programa de ultraderecha, que es lo que fuerzas moderadas están haciendo. Por ejemplo, si la ultraderecha crece haciendo políticas antiinmigración, restrinjamos la inmigración; si crece porque una parte de la población no está de acuerdo con la ley de Libertad de Movimientos, pues restrinjamos el espacio Schengen. Es una barbaridad en dos sentidos: porque representa un paso atrás en las enormes conquistas europeas y porque entre el original y la fotocopia, la gente se quedará siempre  con el original, y por ejemplo, si estás a favor de las políticas contra los inmigrantes no vas a votar a la derecha, vas a votar a la ultraderecha. Es un disparate, y no tiene sentido que las fuerzas moderadas, desde el centroderecha hasta los socialdemócratas, intenten competir y emular a los populistas, para comerles el terreno, porque lo que van a conseguir es legitimar programas regresivos y además no van a competir electoralmente con los auténticos.

Si hacemos un símil, ¿es el populismo la prensa amarilla del entramado político?, con quizás titulares atractivos y contenido de poca calidad…                                 Pues sí, me parece una buena metáfora, el populismo sería la forma banal de hacer política, la forma sensacionalista, superficial, así es. Es una muy buena definición, me quedo con esa comparación.

Igualdad ante la ley, separación de poderes, decisiones del pueblo… son algunas de las bases democráticas. Dada la situación actual, ¿cómo redefiniría la democracia?                                                                                                                        La democracia está muy asociada a los Estados nacionales, entonces lo difícil es construir una democracia supranacional. La democracia descansa, a mi juicio, en dos grandes patas: el principio de mayoría, que correlativamente implica el respeto escrupuloso por las minorías, porque no hay democracia sin oposición; y en segundo lugar, no hay democracia sin Estado de Derecho. La tercera pata es la solidaridad, hemos de recuperar lo mejor que había dado de sí la integración europea, el conocido como el famoso modelo europeo, esa enorme conquista de los treinta años gloriosos del crecimiento europeo, del 45 al 75; el Estado del Bienestar que actualmente se está recortando, es lo que hay que recuperar. Por tanto, yo definiría la democracia en el sentido linconliano, en el sentido del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, con respeto a los derechos de las minorías, a la división de poderes del Estado de Derecho y con solidaridad social. Lo difícil es trasponer todo esto a nivel europeo; la UE, como órgano con identidad supranacional, padece un déficit democrático que no está resuelto. Tiene una arquitectura institucional incomprensible para los ciudadanos, unos procesos muy complejos y oscuros, y la ciudadanía está muy poco involucrada en asuntos europeos, como se confirma por ejemplo, con el enorme abstencionismo en las elecciones europeas.

Y para terminar, ¿está entrando Europa en una nueva era populista?                           Me temo que en gran parte sí, no veo que de momento los partidos del establishment, los convencionales, se hagan una crítica menos limitada, y mientras que no se cambie el rumbo no soy muy optimista. Por tanto, creo que la Unión Europea debería rectificar sus políticas económicas y debe perder el miedo al debate y a la confrontación. Hacer más política en el Parlamento Europeo y menos tecnocracia, para que el ciudadano vea más alternativas. El pluralismo es riquísimo y es lo que a la Unión Europea le hace falta.

Laisser un commentaire

Votre adresse de messagerie ne sera pas publiée. Les champs obligatoires sont indiqués avec *