EDITORIAL, 15 de enero de 2013

Cantaba hace unos cuantas décadas el legendario grupo musical Tequila que “Estoy tan aburrido pasando las horas sin sentido estoy aquí en Madrid, tan aburrido que ya no sé lo que hago ni tampoco lo que digo,…”

Recordaba estas evocadoras estrofas durante la última Navidad en donde tuve la suerte de transitar por Madrid. La ciudad viste sus mejores galas durante estas fechas tan consumistas, sin embargo adolece de un evento deportivo que engrandezca su agenda invernal. En mala hora los cerebros de la federación de fútbol decidieron echar el cierre por Navidad. De esto hace ya demasiado tiempo. Ni siquiera el Real Madrid reinventó aquel torneo baloncestístico que gozó de al menos media docena de impagables ediciones. Los jóvenes, claro, no saben de lo que hablo. Eran tiempos menos postmodernos. No se entiende bien cómo se les está dejando a los ingleses que monopolicen la Navidad con jornadas de la Premier que, inevitablemente concitan el interés de todos los forofos del Viejo Continente. Las vacaciones se hacen demasiado aburridas y lo que debería ser la fiesta de las familias en el fútbol, se convierte en una sucesión de imágenes catódicas enlatadas de lo mejor del año y los consabidos rumores y declaraciones sin la menor trascendencia. No quiero ni acordarme del culebrón Casillas?Mourinho. El caso es que ni Madrid, ni ninguna otra ciudad española están a la altura en estas vacaciones tan esperadas por todos menos por los amantes del deporte.

Este año el gran acontecimiento deportivo fue el derby de la ACB que disputaron en el Palau los locales que, con un inmenso Navarro, consiguieron que el Madrid mordiera el polvo de la Liga Endesa por primera vez en lo que va de campeonato y dieron algo de tranquilidad a las incertidumbres azulgranas con vistas a la carrera por entrar en la Copa del Rey de Vitoria.

 

Ningún otro deporte parece querer ocupar el hueco que graciosamente dejan los muchachos futboleros. Si se me permite la sugerencia, creo que si la Liga sigue decidiendo conceder algo de tregua a los jugadores permitiéndoles un, no sé si merecido, descanso yo propondría reconvertir la triste Supercopa que está metida de rondón en las tórridas fechas del ferragosto con horarios surrealistas, propondría, digo, dejarla para estas fechas, pero en lugar de que se enfrentasen el Campeón de Liga y el de Copa, ampliaría el torneo a los dos primeros clasificados de la liga y los dos finalistas de la Copa del Rey. En caso de que se repitiesen, pues al tercero de la liga o a algunos de los semifinalistas. La cosa sería reunir a cuatro equipos en un par de ciudades no lejanas en la distancia. Bien se podría seguir la estela de las sedes del Mundial ’82 y se podría jugar los tres partidos entre Vigo y La Coruña o Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife o Alicante y Elche o Sevilla y Málaga. Se jugarían dos semifinales y la gran final. Creo que la Supercopa tomaría otra dimensión con la disputa de un torneo eliminatorio y sería una forma de concentrar tres grandes citas con un amplio potencial televisivo, ya que las grandes ligas centroeuropeas paran por motivos climáticos.

Mientras alguien escucha alguna de nuestras sugerencias, que no son más que voces en el desierto, tendremos que seguir vagando de escaparate en escaparate y llenándonos la andorga, con los sueños de Carpanta, en encuentros familiares o en fiestas hasta las tantas con resacosas consecuencias.

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