EDITORIAL, 22 de enero de 2013

Al fin hubo parto. Después de meses deshojando la margarita y teniéndonos a todos en un ¡ay!, el bueno, chico bueno, el más bueno de todos cuantos en el mundo han sido, son y serán, Josep Guardiola, hizo pública la decisión urbi et orbi que había firmado y bien firmado antes de comer el turrón.

Hay que reconocer que nos ha sorprendido a casi todos, ni Inglaterra, ni Italia, ni mucho menos el Paris St. Germain o siguiendo a algún otro magnate del petróleo al lejano Este. Alemania será su destino. Los maravillosos paisajes de Baviera acogerán al bueno, al chico bueno, al más bueno de todos.

Si miramos con un poco de atención la decisión de don Pep, podremos encontrar resquicios que demostrarán una vez más que aparte de buen entrenador, es un hombre inteligente. Acaso, muy inteligente. La Bundesliga, no tiene, por el momento la leyenda que envuelve todo lo británico, ni el encanto y la competitividad del Calcio. En Alemania sólo hay un rey, a veces, se cuelan invitados, claro, pero el dueño indiscutible es el Bayern. En Alemania ni siquiera se juega una liga escocesa. La diferencia entre el Bayern y los demás es manifiesta. Se podría convenir en que el bueno de Pep no ha querido jugarse las ganancias de su elevadísima y justa reputación, en una liga más competitiva. En Múnich, sólo tendrá que prepararse para la Champions. Actualmente los muniqueses, sin ser el Barça ya tiene media liga en el bolsillo. Pasado ya el ecuador y la tregua invernal, el Bayer Leverkusen está segundo a 9 puntos. Rummenigge, mito y leyenda, no sólo del Bayern, sino del fútbol mundial y a la sazón presidente, dijo orgulloso que el dinero no fue obstáculo para llevarse al bueno de Pep. Yo no pondría la mano en el fuego, pero es creíble la afirmación. Lo que resulta más creíble es la afirmación de que el bueno de Pep huye de peligrosas emboscadas y por ello se refugia en la Bundesliga, eso sí, tomando precauciones y no enrolándose en el Schalke 04 o el Borussia Dortmund. Cómo se pondría el continente si su mayor enemigo declarado, el ínclito José Mourinho, decidiera coger a contrapié a nuestro protagonista de hoy y alistarse en el la liga federal. De repente una liga muy digna se convertiría en el epicentro de toda la Europa futbolera.

Lo que no terminaremos nunca de dilucidar es si tanto Guardiola como Mourinho son realmente buenos entrenadores porque siempre entrenar a caballos ganadores. Dicen que los bemoles son para las ocasiones, pues bien, ahora Mourinho tiene una de oro para demostrar quién realmente es el mejor. La Bundesliga es un territorio suficientemente árido para ambos como para dilucidar sus diferencias lejos del mundanal ruido. Pero no, me temo que como diría el paciente al dentista “no nos vamos a hacer daño ¿verdad?”, cada uno seguirá su camino, engordando sus historiales y sus cuentas corrientes y sus leyendas y copando titulares y acaparando la atención de los flashes. Dejemos que al Levante o al Catania o al Southampton o a la entrañable y otrora invencible Union St. Gillois los entrenen los mediocres.

Ojalá le vaya bonito a don Josep Guardiola i Sala, natural de Santpedor, y ojalá se atreva algún día a vivir en lugares no tan calentitos, no me refiero al clima naturalmente. Lo grande que hubiese sido ofrecerse al Sabadell o al Gerona; ahí si hubiésemos visto al bueno, al chico bueno, al más bueno de todos cuantos en el mundo son.

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