EDITORIAL, 29 de enero de 2013. Dedicado a Iván fernández (atleta)

El domingo 2 de diciembre del año pasado sucedió algo que desgraciadamente no debemos calificar sólo como un gesto de fair-play. Estamos tan acostumbrados a la trampa, a las pequeñas y grandes triquiñuelas a los sorteos teledirigidos, a las injusticias televisadas vía satélite que, gestos como el que paso a relatarles adquieren una importancia inusitada.

Burlada es una localidad muy cercana a Pamplona, y como cada año organizó su cross invernal. Con participación de relumbrón, el gran favorito, el keniano Abel Mutai se disponía a proclamarse ganador. Abel Mutai, que fue nada más y nada menos que medalla de bronce en los pasados Juegos Olímpicos de Londres, llegó a la meta o a lo que él creía como meta, como suele ser habitual, tras un fuerte sprint y, claro, pensó que había ganado. El problema llegó cuando alguien le advirtió que todavía quedaban unos metros para concluir. Después del esfuerzo final, el bueno de Mutai andaba con las fuerzas más bien justas. Detrás de él corría el ganador del año anterior, el atleta alavés Iván Fernández. Cualquier otro en los tiempos que corren, se hubiera aprovechado de la situación y se hubiera limitado a rebasarlo pues venía lanzado en pos de la segunda plazaa, pero hete aquí que el bueno de Fernández, pensaría aquello de cómo voy a recoger una medalla que en buena lid no me corresponde. Quizá su conciencia le hubiese chafado la recompensa y, claro, así no. Así no, se hubiera repetido. A diario vemos, cómo un sistema de valores completamente pervertido ha trastocado los gestos caballerosos en gestos más bien pusilánimes. Con lo bien que ve esta sociedad al vivo, al listillo, al que se escaquea, al que burlando todo lo burlable consigue sus objetivos. Al que trepa, al que no conoce ni a su padre para llegar al objetivo. Pues bien, el alavés Iván Fernández, ha dado una lección no sólo deportiva, sino de vida. No es el único, pero reconozcamos que es un grano de arena en el desierto, no ya de nuestro deporte, sino de todo lo que implique recompensa.

 

Al llegar a la meta y ver que el keniano daba por finalizada la prueba Iván advirtió a su rival del error y ayudándole fue acompañándole en los metros finales, vigiliando que nadie los rebasase. Por supuesto que en la línea de meta Mutai pasó delante. Al traspasar la línea ambos se fundieron en un elocuente abrazo.

Han pasado casi dos meses del hecho y no me consta que el hecho haya sido portada en ningún telediario, ni en ningún periódico de alcance nacional, ni haya sido protagonista de ninguna tertulia, aunque por puro azar en una de ellas me encontré con la anécdota. Para mí no es una anécdota, sino más bien una noticia con toda la barba.

Qué pena que los chavales no puedan recrearse en este gesto ni puedan aprender que ganar lleva implícita la deportividad. Que hay que saber ganar y hay que saber perder y que no todo vale para conseguir el triunfo. Hay unos códigos que hay que respetar y que difundir. Cuando se gana con malas artes, no se puede dormir tranquilo. Aunque mucho me temo que no es lo habitual. Por ello el gesto de Iván Fernández toma doble valor, por el hecho en sí y por lo inusitado. Burlada no fue objeto de ninguna burla, antes al contrario, Burlada fue escenario de un hecho con pocos precedentes. Loor a los deportistas con todas las de la ley. Loor a Iván Fernández, 24 años, natural de Vitoria. Loor a su entrenador, Martín Fiz, leyenda viva del atletismo español, que seguro no está lejos de la gesta. Loor al Club Bikila por preparar a los atletas a algo más que a ganar y batir récords. Ojalá podamos traer más a menudo a Deporte con Alma, hechos tan destacados y positivos como el presente.

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