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Empresariado social y Mujer: herramienta de desarrollo

People, Planet and Profit, o lo que es lo mismo: Personas, Planeta y Beneficio, éste es el lema de un nuevo tipo de empresariado que desde su tímido comienzo en los años 70 ha adquirido solidez y se expande con velocidad: el empresariado social.

El empresariado social es un amplio campo de trabajo que consiste en identificar un problema social y darle una respuesta adaptada inspirada en el mundo de la empresa. Mediante esta forma de proceder, el empresario social consigue realizar cambios efectivos en la sociedad que de otra manera habrían sido imposibles, cuando otras instancias se han mostrado ineficientes o sencillamente no se han interesado por atajar ciertas situaciones de necesidad endémica.

Uno de los ejemplos mejor conocidos y bien organizados es el fundado por el economista Muhammad Yunus en 1976. Su proyecto consistía en crear una organización tipo banco que concediera microcréditos a las personas en acuciante necesidad. Cantidades pequeñas que cualquier otro banco se niega a prestar por el riesgo de impago de sus receptores pero que suponen el punto de inflexión entre la bancarrota total de una familia o la frustración de un proyecto de vida o por el contrario, poder mantenerse a flote e incluso desarrollar un proyecto empresarial. La estructura de este banco mantenía cierta similitud con una organización no gubernamental, cuya actividad, paralela al gobierno, incentivó  de manera real el desarrollo social y económico de Bangladesh.

La visión de Yunus, que le valió el  Premio Príncipe de Asturias a la Concordia en 1998 y el Nobel de la Paz en 2006 entre otros, benefició sobretodo a las mujeres, cuyo éxito repercute de manera directa en la sociedad ya que los primeros beneficiados son los hijos, la fratría. Su modelo es aplicado hoy en día en el mundo entero y ha dado muestras de su eficacia en numerosos países en desarrollo, ejerciendo una práctica económica claramente orientada al mundo rural y a la promoción empresarial.

Las mujeres de alguna manera siempre han estado relacionadas con el empresariado social.  Como ejemplo, F. Nightingale, precursora de la enfermería moderna, que ha servido de inspiración a millones de personas para ponerse al servicio de sus comunidades y marcar la diferencia con cada aportación individual.

Si ya en nuestras sociedades occidentales democráticas, social y tecnológicamente avanzadas son muchas  las mujeres que carecen de la posibilidad de poner en marcha sus proyectos, razón por la que existen diversos recursos y políticas que están específicamente dirigidas a la comunidad femenina, en los países del tercer mundo las dificultades se alinean como en una carrera de obstáculos. Muchas mujeres ni siquiera cuentan con el respaldo de sus familias y/o maridos para trabajar fuera de casa, por lo que esperar una contribución económica de despegue es impensable. Los  micro-préstamos  a mujeres para el establecimiento de pequeños negocios son así la única posibilidad de abrirse camino en sociedades que reservan al varón toda preeminencia y capacidad de actuación. Ayudando a las mujeres, la repercusión sobre la comunidad es inmediata y de alto impacto: se crea tejido empresarial sostenible que afianza el entorno social mediante la colaboración, la solidaridad y la creación de empleo. Las micro-empresas que logran afianzarse, crecen  y a su vez dan lugar a mayores inversiones.  Así, lo que empieza casi como una apuesta  filantrópica   se convierte en un ejemplo perfecto de lo que llaman en las escuelas de negocios y gestión  “estrategia win-win”, todas las partes implicadas ganan.

En la actualidad el fenómeno del empresariado social está en plena expansión. Las ONGs, bancos del sector público y privado, instituciones de microfinanciación e incluso grupos de auto-ayuda que proponen pequeños préstamos que tienen en cuenta las necesidades particulares de las mujeres se cuentan hoy por miles. Si bien estas fórmulas están diseñando un nuevo panorama en sociedades de países emergentes como India, China o Brasil y contribuyendo decididamente al impulso del papel de la mujer – y a la conquista de su dignidad en cuanto que ser humano independiente del padre o marido-  su implantación en países con menor potencial económico ha mostrado también muy  buenos resultados.

Sin necesidad de transportarse mentalmente a horizontes lejanos, el empresariado social está en la base misma de la actividad productiva femenina aquí en Europa y en Estados Unidos. En tanto que la presencia femenina esté infrarepresentada en el ámbito empresarial, las  herramientas financieras que integran promoción empresarial y bienestar social  deberían ser privilegiadas.

Irene del Olmo

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