Fasu Aguirre, el ilustrador que retrata las escenas cotidianas de Bruselas

Fasu Aguirre, conocido en sus redes sociales como El Fasu, es ilustrador y reside en Bruselas. En sus dibujos da vida a historias llenas de animación y personajes, retratando la vida cotidiana de la ciudad.

Nació en Argentina y estudió odontología pero pronto se dió cuenta de que no era su pasión y, por eso, se graduó como contador público, unos estudios que le permitieron ejercer durante unos años. Sin embargo, su trabajo no le llenaba y se sentía perdido por lo que decidió dejarlo todo y mudarse a Nueva Zelanda. Allí llegó cargado de dudas, incertidumbre, miedo y sin conocer a nadie pero, para su sorpresa, fue precisamente en ese lugar donde se reencontró con el dibujo, una pasión que había dejado olvidada a los 12 años: “echaba de menos Argentina y me sentía solo así que un día cogí un lápiz y comencé a dibujar, sentía que ilustrar era mi refugio”, recuerda.

Hacía poco que había aterrizado en la capital belga cuando se sorprendió con un desfile lleno de gente que parecía sacada de otro siglo: el Ommegang. Así que no dudó en convertirlo en una ilustración al llegar a casa porque esa es su fuente de inspiración: la realidad. Lo mismo le ocurrió con el Pride e incluso con el mercadillo de plantas.

Además de plasmar los eventos de Bruselas, está trabajando en un proyecto colaborativo que ha bautizado como “Big Family”. Todo comenzó un día en el que empezó a dar vida a pequeños personajes. Cuando alcanzó la decena, preguntó a sus seguidores si querían aparecer en ese gran cuadro de familia: “me sorprendió la participación porque había días que tenía más de 200 personajes por ilustrar”. Persona a persona ha ido creando un cuadro enorme, que todavía continua creciendo, en el que se manda un mensaje de unión y originalidad: “hay gente que me pedía que la retratara con sus banderas, otros con símbolos de su religión y hay personas que hasta me han pedido que las dibuje en un dragón”.

Su aventura bruselense acaba de empezar pero, según nos contó, su lápiz ya tiene ganas de plasmar la Grand- Place y cada una de las vestimentas del pequeño Manneken Pis.

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